El Mindfulness y las personas difíciles

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Todos nos encontramos al menos una vez en nuestra vida con personas con las que la relación se hace difícil, tensa, y enseguida nos aparece el enfado. A veces puede llegar incluso a convertirse en una reacción visceral de la que casi no tenemos capacidad de control y nos sentimos incapaces de gestionar.

Yo he tenido alguno de esos encuentros estelares. Y por eso estoy ahora escribiendo este texto.

Hace unos días, tuve la oportunidad de hablar con una de esas personas que hace años, sentía que me amargaba la existencia. Lo pasé mal, me calló peor y lo odié durante un tiempo. Sin embargo este hombre, ah!, ya lo he dicho, era parte de mi sombra. Ahora lo explicaré mejor. Pues bien, el otro día, ante la perplejidad de la gente que me acompañaba, tuve la ocasión de hablar con él por teléfono y decirle: gracias a ti, me he convertido en una mejor persona. Fueron palabras sinceras, sin odio, sin rencor.

Apliqué la enseñanza del mindfulness en estas ocasiones, que siguiendo el camino de algunos maestros espirituales, nos dice que muchas veces las personas difíciles son nuestros mejores maestros.
Sí, como lo oyes. Si ahora mismo, te estás sonriendo con cara de perplejidad y pensando: a esta hoy, se le ha ido completamente la pinza. Te está pasando lo mismo que me ocurrió a mi la primera vez que lo escuché. Pero sabes qué, que esto de lo que estamos hablando tiene mucho que ver con nuestra sombra, como dijo el gran psicoanalista Jung. Tiene mucho que ver con esa parte nuestra que no nos gusta y no queremos ver y que tanto la ocultamos que acabamos por creernos que no la tenemos y continuamente se nos muestra en otras personas. Sí, lo adivinaste, justo aparece en esas que no soportamos.

Mindfulness nos propone darnos cuenta de esta situación, nos ofrece la posibilidad de tomar estas relaciones difíciles como oportunidades para tomar conciencia plena de nuestra incomodidad, sin reaccionar enfadados o evitando las situaciones sin afrontar. Nos dice que estas personas nos ofrecen la posibilidad de mejorar en nuestras habilidades de comunicación y expandir nuestra conciencia más allá de los límites de nuestra tan querida zona de confort, ya sabes, ese lugar simbólico que conoces y del que cuesta salir, aunque no estemos del todo a gusto.

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Esta persona fue en parte mi maestro, gracias a ella ( y no niego que se portó muy mal conmigo) yo pude aprender más de mi. Aprendí a ser más humilde, aprendí que no le tengo que gustar y caer bien a todo el mundo, aprendí a llorar, aprendí a ser vulnerable, aprendí a creer más en mi misma, aprendí a darme cuenta de quién estaba de mi parte de manera incondicional y quién no. Aprendí a ver esa parte de mi que no me gusta, esa parte creída, que muchas veces se siente superior, esa parte insolente y altiva a la que no le gusta que le digan lo que tiene que hacer. Me conectó con mi actual camino de autoconocimiento, un camino que transito cada día sin rechazar a ningún maestro o maestra, en definitiva, me hizo mejor, más auténtica y mucho más inteligente emocionalmente hablando.

La clave es darnos cuenta de nuestra reacción ante ciertas personas. Es abrir ese espacio que existe entre el estímulo y nuestra respuesta, ese instante en el que caben infinitas posibilidades que dependen de ti y solo de ti. Es vivir la vida con Atención Plena., con Mindfulness.
No se trata de que nos expongamos al sufrimiento, pero si nos toca, aprovechemos y aprendamos de él.

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