¿Estás harta de sentirte culpable?

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¿Te suena eso de sentirte culpable? ¿Estás harta de sentirte culpable?

Sentirte culpable por ir a trabajar cuando tus hijos están malitos, sentirte culpable por dedicarte ese ratito para ti y no jugar con los niños, o no estar con tu pareja o sentirte culpable por no desear ver a tus padres…..sentirte culpable porque sufran por ti, sentirte culpable por no estar al 100% en el trabajo al pensar en otras cosas importantes….

Voy a dejar ya la lista porque me deprimo.

Es que realmente es para deprimirse. El sentimiento de culpa parece que se nos graba con fuego a las mujeres al nacer. Es como si cuando venimos al mundo, alguien dijera, venga, que es niña, grábale la culpa y zás! nos la imponen. La parte buena de esto, es que no es genético y por eso tiene más fácil solución.

Ahora en serio, no veo, no escucho, no siento ese sentimiento de culpa en nuestros compañeros, amigos y parejas. No es que no lo expresen, es que realmente, creo que no lo tienen tan agudizado como nosotras. Y entonces, me sale mi vena de socióloga y me pregunto: ¿con qué tendrá esto que ver?. Y entonces pienso, que es una de esas creencias limitantes que tenemos las mujeres patrocinadas por la sociedad precisamente por nuestra condición de mujeres. Y sigo preguntándome: ¿para qué estará ahí, la culpa?, y la respuesta que me viene sin dudarlo es: para controlar que no nos desviemos demasiado, del papel que históricamente nos han colocado: el de cuidadora universal.

Ya sabes, cuidamos a nuestros hijos e hijas, cuidamos a nuestros maridos, cuidamos a nuestros padres, cuidamos a nuestros suegros, cuidamos a nuestros amigos, cuidamos……de todo el mundo menos de nosotras.

Claro esto tiene mucho que ver con el famoso “malestar que no tiene nombre” del que hablaba Betty Friedan. Tiene mucho que ver con que nos falte energía, con que tengamos dolores musculares, con que no acabemos de sentirnos plenas y felices.

Y ahora, ¿qué hacemos con todo esto?

Pues es una tarea compleja, pero algo podemos hacer. Lo primero que te propongo es:

Darte cuenta cada vez que notes ese sentimiento, esa sensación.
Quédate un rato ahí con ella, no la evites haciendo otra cosa o diciendo algún chascarrillo. Tienes que dejarte sentir esa sensación.
Luego pregúntate, si estás haciendo en ese momento lo que realmente quieres y te apetece. Por ejemplo, si estás tomando unas cañas con tus amigas y te llega el sentimiento de: he dejado a los niños en casa, pobre fulanito que está solo…. o algo así. Pregúntate con sinceridad: ¿estoy a gusto?, ¿me apetecía hacer esto? Si la respuesta es un rotundo sí. Te sentirás mejor. Te habrás dicho a ti misma.

Estoy donde quiero estar.

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O, al estilo de Escarlata O’Hara en “Lo que el viento se llevó” Ya me ocuparé de eso en otro momento, o quizás puedas decirte también: alguien está ocupándose y está todo bien.

La culpa queridas amigas, tiene mucho que ver con querer cumplir las expectativas de otros y no las nuestras. Y dicen los que saben de esto, que además, debajo del sentimiento de culpa, hay un montón de resentimiento. De enfado no expresado hacia algo o alguien que nos “impone” aunque sea de manera simbólica unas obligaciones que no queremos asumir, o al menos, no las queremos asumir en exclusiva.

Cuanto más a gusto te sientas contigo misma, más felicidad transmitirás a la gente que te rodea.

Ya sabes que puedes contar conmigo para acompañarte en ese proceso, la fuerza del coaching emocional es muy potente y a veces, tan solo necesitamos un espacio de confianza donde hablar de corazón a corazón de lo que de verdad nos importa.

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