Mindfulness y el efecto salmón

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Quizás te estés preguntando qué tendrá que ver el mindfulness con los salmones, así que lo mejor es que continúes leyendo.

La vida del salmón es sorprendente, o al menos, eso me lo parece a mi. Es un pez, que nace en agua dulce, allí se va formando desde el huevo hasta que es un pez más o menos adulto y entonces, inicia un camino por ese río hacia el mar. Hasta aquí, más o menos bien, normal….lo curioso, es que después de una vida “de salmón”, por los mares, cuando detectan ya de adultos que es hora de reproducirse y en cierto modo de terminar sus días de salmón, regresan al río en el que nacieron, para reproducirse y finalmente morir. Claro, para realizar este viaje, tienen que nadar contra corriente durante mucho tiempo y sortear numerosos obstáculos, que hace que no nodos los salmones lo consigan, pero muchos, sí y por eso sigue habiendo salmones en el mar. 

Así que en mi modesta opinión, mindfulness es un poco efecto salmón. Por un lado parece que está de moda….aunque si rascas un poquito, no tanto. 

Queda claro que está de moda el nombre, quién no ha oído hablar de mindfulness, por favor….casi todos. Está de moda decir los beneficios de la Atención plena, sobre todo si te quedas en la fase de la concentración. 

Pero mindfulness no es solo eso, es mucho más que eso.

Los programas de mindfulness que comenzó Jon Kabat – Zinn allá por los años 80 del siglo pasado, conllevan todo un aprendizaje grupal sobre nosotras/os mismas/os. Un aprendizaje sobre cómo funciona nuestra mente, sobre cómo surgen las emociones, sobre el estrés y el porqué está en nuestra vida, etc. Pero sobre todo y es lo que quiero resaltar, hablar de mindfulness, es inseparable de las actitudes que cultivamos, tanto a la hora de realizar las prácticas formales, es decir, las meditaciones que se proponen, como, a la hora de vivir cada día, cada momento, cada instante de nuestra vida cotidiana. 

Y lo curioso, y de ahí, el efecto salmón, es que estas actitudes ya no están “tan de moda”. 

Así que las personas que practicamos mindfulness, que vivimos mindfulness, somos un poco salmones, porque vamos contra corriente. A lo mejor te parezco un poco drástica, pero es a la conclusión que he llegado tras compartir mi práctica y mi presencia con muchas personas en los cursos y talleres que imparto. 

Mindfulness propone cultivar la paciencia. Fijaos lo que implica esta actitud ante la vida, en un mundo donde todo parece que es para ayer. Un mundo donde la prisa es la norma y el tiempo escasea. Vivir mindfulness, vivir consciente implica, saber que la vida transcurre instante tras instante, y que solo tenemos momentos para vivir, así que cultivamos la paciencia para conectarnos con el aquí y el ahora. 

Mindfulness nos propone cultivar la actitud de mente de principiante. Una manera de ver la vida, las gentes, las cosas, con ojos nuevos, limpios de prejuicios. Nuestra sociedad es la sociedad del ya me lo sé…. y así nos va. Damos todo por supuesto y esto nos impide ver de verdad, sentir y conectarnos con la experiencia del momento presente. 

Mindfulness nos habla de la confianza. Otra actitud muy poco de moda. ¿Confiar?, no, vaya ingenuidad. Pues sí, confianza en nuestro cuerpo, confianza en la vida, confianza en nosotras/os mismas/os, confianza en la naturaleza humana y en nuestra humanidad compartida.

Mindfulness nos dice no juzgues tanto, no te juzgues tanto. ¿De moda? pues creo que no. Nuestra sociedad emite juicios sobre todos y todo. Todo lo compara, nos compara….esto es mejor, peor, eres, bueno, malo…. Y además nos dice, esfuérzate, el esfuerzo y la meritocracia por encima de todo. Mindfulness propone el no esfuerzo. Lo propone a la hora de meditar y también como actitud ante la vida. Implica empezar a no empujar a la vida, a dejarnos fluir con ella un poco más. Mindfulness propone la aceptación sin resignación. Propone la comprensión de que no podemos no aceptar lo que esta pasando en este instante, porque está aquí, lo quiera o no. Es una actitud de ir despierta y atenta ante todo y ante nuestros sentimientos. Aceptar significa no huir, significa afrontar.

Pero que será de todo esto sin una buena dosis de amor y de amabilidad, primero hacia nosotras/os mismas/os, y luego hacia todo  lo que nos rodea. La amabilidad, la generosidad y el amor, no está de moda, no se lleva ir así por la vida, lo más bonito que te llaman es ingenua. 

Practicar mindfulness, es vivir mindfulness. No es una técnica a la que dedicamos unos minutos al día, es una manera de ser y estar en el mundo, es una forma de vida.

Así que este es el efecto salmón del mindfulness, de momento vamos contra corriente, pero también os digo, que cada vez somos más. 

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