Mindfulness no cambia el mundo, cambia tu relación con el mundo

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Decir que mindfulness no cambia el mundo, si no que cambia nuestra relación con el mundo suena a eslogan y no te lo voy a negar. Lo que pasa, es que es cierto y lo digo por propia experiencia.
Probablemente tomar conciencia de este simple hecho, es uno de los aprendizajes más potentes que te puedes llevar si realizas una formación de mindfulness. También reconozco que aunque suene sencillo, luego no es tan fácil de aplicar a nuestra vida cotidiana. Por otro lado y, mis alumnas lo saben, esto es lo que ocurre con todo lo que rodea al aprendizaje de mindfulness, que es muy sencillo, pero no es fácil, ya sabes, siempre es cuestión de matices y de entrenamiento.
Volviendo al tema que nos ocupa. En mindfulness no hablamos de salir o ampliar la zona de confort,lo que tratamos en realidad, es que tú y yo, podamos sentirnos, seguras, centradas y calmadas, sea lo que sea que nos trae la vida en este preciso momento. Es dejar de depender de lo externo, sean personas o circunstancias concretas para sentirnos a salvo, seguras, centradas, calmadas y en paz.

Jon Kabat -Zinn definió las crisis,  y las circunstancias que rodean al estrés, en su libro “vivir con plenitud las crisis” como la catástrofe total. Y su empeño al diseñar el programa MBSR de Mindfulness para gestionar el estrés, fue que a pesar de estar pasando por “la catástrofe total”, pudiésemos encontrar la calma y el centro de nosotras/os mismas/os.
Así que el trabajo o mejor dicho el aprendizaje es aprender a relacionarnos con Todo de otra manera. Y cuando digo Todo es todo, por eso lo pongo con mayúsculas. En primer lugar, con nosotras/os mismas/os, como si fuésemos elementos de un conjunto y aplicásemos la propiedad reflexiva. Tomando conciencia de cómo nos tratamos, de cómo nos hablamos, de cómo nos cuidamos o nos descuidamos, para empezar a poner más amabilidad, más auto-compasión, y más amor también. Después vendrán uno tras otro los demás aspectos de nuestra vida. Uno de ellos, el que más ¡Ajas! suscita en los cursos, es el de las relaciones personales. Cuando empezamos a aplicar el enfoque de la atención plena, cambia nuestra manera de relacionarnos. No es que esa persona, pongamos como ejemplo, ahora me salude y sea amable, no, a lo mejor sigue sin saludar ni ser amable, pero yo, me relaciono de otra manera con ello. Y lo hago cuidándome y poniendo en valor mi capacidad de responder y no de reaccionar.

Poco a poco, el foco va ampliándose y alcanza el mundo del trabajo, el de la familia. Nada cambia o quizás todo cambie, pero lo importante es que cambia mi manera de estar ahí con ello. Nos entrenamos, y es genial, porque tenemos toda nuestra vida a modo de laboratorio. Aprendemos a hacer pausas, a veces muy breves y abrir espacios para responder, siempre responder de manera atenta, compasiva, amable incluso si con lo que conectamos en con un enfado mayúsculo. Al final cambiamos nosotras/os y el resto lo nota, realmente se nota y quién sabe si poco a poco, sin esfuerzo y sin pretenderlo, las cosas y gentes que nos rodean también empiezan a cambiar, o quizás no, así que habrá que estar (bien) con lo que hay.

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