Mindfulness con perspectiva de género: definiendo los límites

mindfull woman

Me está resultando muy interesante incorporar la perspectiva de género a los cursos y talleres de mindfulness que imparto para las concejalías de Igualdad. Y es curioso, como todo lo que aparentemente resulta neutro, deja de serlo cuando incorporas esta mirada, que pone el foco en cómo las cosas afectan de manera diferente a hombres y mujeres. La diferencia no viene porque tengamos genes diferentes, si no, porque nos educan de manera diferente, con modelos diferentes. Y así, eso que llamamos socialización, da como resultado una estructura social que ofrece unos roles, una manera de ser y estar en la sociedad distinta según seamos hombres y mujeres. Se nos proponen formas de estar en el mundo diferentes a las que es muy difícil resistirse y desde luego, resulta casi imposible si no le prestamos atención.
Así que como esto de mindfulness va de prestar atención, nos vamos dando cuenta de muchas cosas. Y esta semana en los talleres, hemos estado trabajando sobre la gestión consciente del tiempo, que es una de las maneras más hábiles de responder al estrés generado en nuestra vida por la “falta de tiempo”. Solemos empezar a trabajar con el enfoque que Stephen R. Covey propone en su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”. Lo que pasa es que Covey no tenía perspectiva de género, por eso su propuesta de los 3 círculos que es muy interesante y que os contaré a continuación, es más difícil de aplicar a la mayoría de las mujeres.

Círculos de Covey      circulos de covey

Covey comenta que todo lo que hacemos en nuestra vida podemos incluirlo en 3 áreas bien diferenciadas. Nuestra área de responsabilidad, o círculo de control, que sería la zona donde están las cosas que dependen de mi. Nuestra área de influencia, es la zona donde están las cosas sobre las que podemos influir pero que no dependen de mi para solucionarse. Y el área de interés o preocupación, donde estarían las cosas que me preocupan pero sobre las que no tengo casi ninguna capacidad de influir.
La inteligente propuesta de Covey, es que dediquemos la mayoría de nuestro tiempo y energía a nuestra área de responsabilidad, o sea, a las cosas que sí o sí, dependen de mi para resolverse. Luego dedicaremos menos tiempo al área donde puedo influir pero consciente de que la solución no depende de mi y por último, mucho menos tiempo y energía, al área de preocupación, que es donde están las cosas sobre las que puedo hacer poco. Partimos, claro está, de que gestionar el tiempo, es a fin de cuentas gestionar la vida. Lo que Covey no nos dice, es que muchas mujeres, no tenemos el límite definido entre el área de responsabilidad y el área de influencia. Crecemos aprendiendo a estar muy pendientes de los demás, aprendemos a cuidar de lo demás y asumir su bienestar y felicidad como si de nosotras dependiera. El resultado de toda esta socialización, es que nuestra área de responsabilidad es enorme. Por eso, asumimos como responsabilidad nuestra, la felicidad de nuestros hijos e hijas, los resultados en sus estudios. Dedicamos tiempo y energías a resolver conflictos familiares, a reconciliar a las amigas etc. Y lo hacemos, sin ser plenamente conscientes de que son cosas que no están en nuestra área de responsabilidad, porque su solución, no depende de nosotras. Esto es una enorme fuente de frustración que puede desembocar en un gran sentimiento de culpa, al pensar que no hacemos lo suficiente o que podíamos haber hecho algo distinto.
Poner mindfulness con perspectiva de género en nuestra vida, pasa por darnos cuenta de estos pequeños detalles para hacer algo diferente. No significa volverse impasible hacia los demás, pero sí, pasa, por ser conscientes de los límites y centrar nuestra energía y nuestro tiempo en lo que sí depende de nosotras, sin olvidarnos de incluirnos a nosotras mismas en nuestra área de responsabilidad.

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