¿Por qué un bambú rosa?

¿Alguna vez has visto algo y de repente has sentido que eso era parte de ti, o te has sentido muy identificada con ello?

Pues eso mismo es lo que me ha pasado a mí con el bambú rosa. De siempre me ha gustado el bambú, una planta aparentemente frágil que consigue hacer de su fragilidad su inmensa fortaleza. Tarda mucho tiempo en brotar su semilla, algunos dicen que hasta siete años, pero luego crece rápida y fuerte y, ¿sabes por qué?, pues porque durante ese tiempo, se prepara, fortaleciendo sus raíces, creciendo hacia el interior de la tierra para estar bien enraizada. Y luego, no hay quién la pare, sea viento, nieve, lluvia… Pues bien, esto tiene mucho que ver conmigo y quizás también contigo que lo estás leyendo.

Últimamente he sentido que durante los años pasados y, ya son unos cuantos, he estado creciendo hacia dentro, por eso tenía la sensación de no sacar la cabeza. Probablemente mis raíces no eran todavía lo suficientemente fuertes para ser firme y flexible a la vez, para poder mostrarme débil y ser fuerte a la vez, para ayudarme a mí misma y poder ayudar y acompañar a lo demás en su propio viaje de crecimiento. Además, y ahora viene la parte social, a las mujeres nos ha costado mucho tiempo sacar la cabeza socialmente hablando. Han hecho falta muchos siglos de trabajo y determinación de mujeres maravillosas que han empujado desde el pensamiento y la acción política y social, para que esto suceda. Para que hoy podamos estar con voz propia en cualquier esfera de la vida social y política. Y claro, como le pasa al bambú. ¡Hemos venido para quedarnos!

Ahora quizás te preguntes ¿y el rosa? Pues ya sabes que nada es casual, así que te lo voy a contar. Cuando era niña, odiaba el rosa, me parecía, cursi, feo, ridículo y un largo etcétera. Luego con el tiempo, me he dado cuenta de que no era el rosa lo que no me gustaba, si no, todo lo que iba asociado a ese color, todas las atribuciones sociales que me venían impuestas por mi condición de niña.

Ahora quiero decidir cómo me visto, y qué color me gusta, porque soy yo la que le atribuyo su significado.

Y sí, lo confieso, me gusta el rosa.

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