Presencia: mindfulness desde la perspectiva de género

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Ayer estuve con una amiga disfrutando de un largo y delicioso desayuno inglés, cierto es, que las dos somos bastante dueñas de nuestro tiempo y por eso nos lo podemos permitir. Pero lo importante aquí no son las horas que hemos pasado juntas, sino el hecho mismo de quedar y vernos.

Dice Thich Nhat Hanh, el gran maestro del mindfulness, que “el regalo más preciado que le puedes hacer a un amigo es tu presencia”. La verdad es que estoy muy de acuerdo con esta frase y todo lo que significa.

Hablar de presencia hoy día cuando la mayoría de las relaciones son virtuales a través de las redes sociales y de los distintos chats es todo un lujo. Y como todos los lujos, resulta ser un bien escaso y probablemente bastante preciado. Pero si lo piensas bien, ¿hay algo más preciado en la vida que nuestra propia presencia?
La verdad es que no, que todo pasa por la presencia, por sentirnos, por tomar conciencia de nuestro cuerpo, del espacio que ocupamos, de cómo caminamos, de cómo nos sentamos, de cómo escuchamos, de cómo hablamos….en definitiva, de tomar conciencia de nosotros mismos y de cómo vivimos.
Presencia, es para mi una de las palabras más impactantes que escuché en mindfulness y es algo en lo que hago especial atención durante mis talleres de mindfulness con perspectiva de género, lo saben bien mis alumnas.
Conectar con tu presencia te da corporeidad, te da conciencia de tu existencia y por eso me parece especialmente importante cuando acompaño en mindfulness a los grupos de mujeres. Muchas de nosotras no tenemos conciencia de nuestra presencia, del espacio que ocupamos, de nuestra importancia en nuestra vida. La presencia nos aporta dignidad y desde ahí, obtenemos valentía para hablar, para escuchar, para tomar decisiones. Nuestra presencia es importante, es como dice Thay, el regalo más precioso que podemos hacer a una amiga. Estar presentes pasa por sentirnos presentes, y como digo en mis talleres, cuando entramos en un espacio, sentir que entramos, conectar con nuestra presencia, física, emocional, espiritual. Es conectar con algo profundo que solo te corresponde a ti, conectar con todo tu ser, desde ahí, ya no importa si pasas o no desapercibida, desde ahí puedes elegir no hablar, porque estás presente, eres visible para ti y desde luego te relacionarás de una manera diferente con lo que te rodea.
Porque la presencia es consciencia, es atención plena, es mindfulness. Y desde ahí todo nuestro ser se pone en juego.
Pongamos más presencia en nuestra vida, empecemos a valorarla y a regalársela a nuestras amistades.

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